jueves, 30 de enero de 2014

In memoriam: José Emilio Pacheco


Somos los indefensos que se hunden
en la noche que no pidieron


José Emilio Pacheco
(Fragmento del poema Los indefensos

 

Podemos comprendernos y compadecernos porque compartimos el mismo destino. Nada más petulante que creerse eterno. Los negadores de la fugacidad desean abandonar la condición humana: anhelan ser dioses, los "salvados" miran por encima del hombro. José Emilio Pacheco era un hombre sencillo y trágico: aceptaba la realidad. Asumió la muerte y el tiempo fue un tema importante en su poesía. No se escondía con idealismos banales. Decía que el mundo es horrible, y tenía razón. José Emilio era un poeta sensible, un hombre extraordinariamente amable. Era imposible no quererlo.

En 2008 y 2009 mantuve correspondencia con José Emilio. Yo dirigía la revista semestral de psicoanálisis Non nominus. Estábamos preparando el noveno número: Psicoanálisis y Literatura. Fernando del Moral le presentó la revista que editábamos Gabriela Gómez, María Luisa González y yo. A José Emilio le gustó mucho. Lo invité a colaborar. Le envié un correo. Él agradeció la invitación y nos compartió cinco poemas que en aquél tiempo no habían sido publicados. Él deseaba que salieran todos juntos, pues conformaban una unidad.  

La correspondencia siempre fue cordial. Desde el primer correo electrónico él me ofreció su amistad. Yo me sentía agradecido por la posibilidad de compartir palabras con uno de nuestros mejores poetas.

Sufríamos con las computadoras. Frecuentemente nos hacían malas jugadas. José Emilio era riguroso con la ortografía, y eso volvía loco al ordenador. El 29 de agosto de 2008 él me escribía al respecto:


Doctor:

 Le he enviado muchas veces el texto y me lo devuelven.
 Al parecer el problema es el acento de Godínez, que sin embargo aparece en la dirección que está en su carta.
 Lo escribo sin acento y de nuevo lo rechazan.
 Habrá que psicoanalizar a este fantasma electrónico.

(29 de agosto de 2008)

 

José Emilio sabía bien que las máquinas se devoran lo humano. No creía en la tecnología ni en el progreso. Me recordaba a Walter Benjamin: le aterrorizaba la destrucción del humano a favor de la técnica (el horror del mundo). A veces me enviaba correos que no me llegaban y viceversa. Me contaba sus desventuras:

 

Le escribí una carta de inmediato. Al intentar enviarla desapareció ¿Quién psicoanalizará a las computadoras y su inescrutable hostilidad contra los seres humanos?

(26 de noviembre de 2008)

 

La revista Non nominus publicó los cinco poemas que nos envió. Respetando su obra, publicamos un poema en cada página, tal cual él lo había solicitado:


Desde luego lo ideal es un poema por página, ya que se trata de algo audiovisual en el sentido más puro de la palabra: un texto que se lee y se ve al tiempo que se escucha.

(30 agosto de 2008)

 

José Emilio era un hombre sin dobleces. Más que la celebridad, buscaba la tranquilidad. De la FIL decía que era un caos infinito. Prefería que no nos reuniéramos en la Feria: ahí no se puede conversar. Debido a que sufría con los viajes, los tumultos y la actividad pública, nos mencionó que no podría estar en la presentación del noveno número de la revista Non nominus:

 
Mi querido Abraham:

Después de los homenajes a Monsiváis y a Fuentes, la feria y el ciclo del CN no tengo fuerza ni ánimo para hacer nada más en lo que resta del año. Sólo de pensar en el viaje al aeropuerto siento escalofríos. Además ya la vida literaria ha sustituido a la literatura y lo que yo quería era escribir. Por favor comprenda mi situación y reciba todo mi agradecimiento. Un abrazo

 José Emilio

(26 de Noviembre de 2008)


José Emilio amaba la literatura. La vida literaria era un mal necesario. La escritura requiere de tiempo y de soledad. Lo entendemos porque en psicoanálisis sucede algo similar: la vida psicoanalítica (las universidades, los congresos, los coloquios, las presentaciones de libros, las sociedades, los institutos, las escuelas y las redes de psicoanálisis) sustituyen al psicoanálisis mismo (espacio de intimidad y soledad en el que se cuenta el dolor).

José Emilio padecía con tanto trabajo que tenía. Estaba rebasado de compromisos y soportaba el dolor del cuerpo. A veces sus respuestas eran apresuradas; aún así, siempre respondía. Sufría de una amabilidad irrenunciable.

El noveno número de la revista Non nominus lo presentamos en una fría noche del 12 de diciembre de 2008 en el patio del Ex-Convento del Carmen (Guadalajara, Jal). Le enviamos la revista por correo postal. Agradezco mucho el tiempo que se tomó para leer la revista y comentar mi trabajo sobre Manuel Acuña:

Querido Abraham:

Gracias por la revista. La leí íntegra y me gustó mucho el ensayo sobre Acuña. Usted dirá que es un texto psicoanalítico y sin duda lo es pero también me resulta un ejemplo excelente de crítica literaria: da interés a lo que antes no interesaba y hace ver lo que no habíamos visto. Felicidades de verdad.

Siento mucho que las limitaciones de mi casa nos impida recibirlos como se merecen. Sólo (ya lo verá) hay espacio para un invitado. Pero podemos vernos aquí y, si me permiten, los invito a desayunar el jueves en alguno de los innumerables restaurantes que pueblan la Condesa.

(26 de enero de 2009)

María Luisa González, Gabriela Gómez y yo viajamos de Guadalajara a la Ciudad de México. Presentamos la revista en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; sin embargo, no pudimos reunirnos con José Emilio. Lamentablemente él sufría de problemas de movilidad y decía que la Ciudad de México se había vuelto imposible. Contrario a nuestra voluntad, el jueves 12 de febrero de 2009 no pudimos encontrarnos con él porque debía asistir con su oftalmólogo en el Hospital Inglés. Cada tratamiento lo dejaba sin ver el resto del día. No nos conocimos en persona, pero lo hicimos a través del correo electrónico.

Aunque las computadoras nos trataban como Wanda de Dunaiew a Severino de Kusiemski, continuamos con nuestra correspondencia durante algunos meses más. Siempre me conmovió la gentileza de José Emilio. Le agradecí mucho su colaboración con Non nominus, lo sigo haciendo. Fue una fortuna haber publicado cinco de sus poemas y haber compartido cartas con él.

El tiempo es muerte, nuestro futuro seguro...   José Emilio vivirá en nuestra memoria.

 

Abraham Godínez, 30 de enero de 2014

 

Recordando a José Emilio Pacheco...


No existe el pesimismo. Uno apuesta a la vida.

al levantarse de la cama, hacer proyectos, hablar.

El mundo se sostiene en la creencia

de que la muerte y la tragedia pactaron

nada más con nosotros y nos dejan tranquilos

para que todo siga mediobien, mediomal

―hasta que un día irrumpe la catástrofe.

 

José Emilio Pacheco

Fragmento de Las ruinas de México (Elegía del retorno).

miércoles, 22 de enero de 2014

Por mera intuición, nada se piensa...


En Crítica de la razón pura, Kant (2003: 392) dice que por mera intuición nada se piensa. Para que haya un pensamiento crítico es necesario comprender conceptos que puedan complejizar aquello que se intuye. No hay clínica sin intuición, y no hay experiencia sin reflexión. Por eso la Filosofía es importante para el Psicoanálisis: permite comprender mejor el campo clínico y complejizarlo. No basta el empirismo clínico, la intuición o el anhelo de ayudar al paciente, la reflexión filosófica es necesaria. Comparto esta cita de Immanuel Kant que me parece muy pertinente tomar en cuenta:

 
[…] el entendimiento que se ocupa exclusivamente de su uso empírico, pero sin reflexionar sobre las fuentes de su propio conocimiento, sin duda puede muy bien adelantar; lo que no puede lograr es determinarse a sí mismo los límites de su uso sin saber qué es lo que está dentro o fuera de su esfera, pues para eso se requieren precisamente las profundas investigaciones que hemos llevado a cabo [Estética trascendental, Analítica trascendental y Lógica trascendental]. Y si no puede distinguir si están o no en su horizonte ciertas cuestiones, nunca estará seguro de sus derechos y de su posesión, sino que deberá prepararse para recibir numerosas y vergonzosas reprimendas si se sale continuamente de los límites de su esfera (como es inevitable) y se extravía en ilusiones y ofuscaciones. (Kant. I. Crítica de la razón pura, p. 381)

 

Si el Psicoanálisis se acerca más a la Filosofía, los psicoanalistas podrían comprender mejor sus límites. Así podrían evitarse las múltiples pifias y la gran cantidad de excesos que acontecen en la práctica clínica y en las disertaciones de algunos psicoanalistas. ¡Ufff!